Batido de sexo, sensualidad, cosificación y cultura

http://www.ara.cat/estils_i_gent/Son-twerking-lletres-Hip-hop-masclistes_0_1727227300.html

Ésta entrada fundamentalmente tiene como motivo desmontar confusiones y sesgos conceptuales y semánticos que los mismxs sexólogxs, antropólogxs y sociólogxs caen en error.

Éste artículo, de Laura Saula, con interpelaciones de una sexóloga (Carme Sánchez), contiene muchas de esas trampas semánticas, que llevan a la confusión y al batiburrillo de conceptos no bien definidos (dado que, por desgracia, la mayoria de las definiciones que obtenemos, las aprendemos por contextualiazación, y no con cierto tecnicismo necesario para hacer un concepto universal).

Para empezar, maneja como ciertas, muchas premisas que no son reales, y cito textualmente: “las chicas empiezan a mover las nalgas con movimientos que recuerdan, claramente, al apareamiento de machos y hembras”. Para empezar, son los machos los que en la selección sexual realizan bailes, fabricación de menajes o nidos, gritos y una enorme lista de observaciones etológicas ya estudiadas, por lo que esa premisa, en inicio, ya es falsa.

Otra premisa, que más bien la deja caer, y cito textualmente: “el twerking es un estilo de baile que proviene del dancehall jamaicano, y que mas tarde, se trasladó a clubes de streeptease de USA”. Vale, una danza, con un trasfondo cultural, transformado circunstancialmente en producto, en un tipo de salas concretas, para un “público” concreto. Claro, ¿para qué vamos a fijarnos en los valores, usos y desusos de los origenes del dancehall, de lo que Prima Cali entre otras del colectivo intentan sembrar en nuevas generaciones? Que va, tomemos como foco, como inicio radial de la cultura, el producto ultimo que unos blanquitos han transformado a su antojo en un producto sexual. Lo mismo pasó con el pole dance, de orígenes Indios, sobre largos postes de madera (y bailados por hombres eh?), pero claro, no se recuerda como un ejercicio de voluntad, esfuerzo y perseverancia, solo se recuerda como el baile de streeptease.

Otra premisa asumida, es la asunción (valga la redundancia) de que un movimiento, un gesto o una mirada, sea “sexual/sensual”. La sensualidad/sexualidad está en los ojos de quien mira, no de quien lo realiza. Por lo que la expresión “se centra en los movimientos de nalgas, cuanto más explicitos y sexuales sean, mejor”, tambien es falsa. Asume que mover las nalgas al ritmo de una canción, es en sí mismo sexual, cosa que no es cierto, porque que yo sepa, ninguna mujer que conozco que realiza ese baile, lo hace para “incitar” sexualmente, por lo que esa frase en sí misma, a mi juicio es falocentrica (“las chicas incitan a los chicos, mientras ellos miran sin molestarse en disimular”….claro, la culpa es de ellas, no de que los chicos estén contínuamente en celo).

De nuevo, repito, no conozco a nadie que empiece a bailar con la intención de “equiparse a los chicos en cuanto a lanzarse sexualmente”. De nuevo, es una expresión equivocada, aparte de que asume que las chicas no se lanzan sexualmente en entornos corrientes (sin meter la danza por medio), cosa que no es verdad.

También asume que las practicantes usan esa danza para reafirmar su sexualidad. Pero, ¿qué hay que reafirmar? ¿acaso las “pobres bailarinas” necesitan de algo externo para conocer su identidad, deseos y gustos? ya le digo a la escritora que NO, y bien grande.

Estos movimientos, sea DH o twerk, reflejan la libertad, la ruptura con la cosificación misma, dado que las bailarinas hacen lo que gustan, bailan lo que gustan PARA ELLAS y POR ELLAS, no por el “macho alfa” habido en las disco kinkis. Un baile de liberación en donde las reglas sociales occidentales sobre el físico (sobre todo las europeas) no se dan, puesto que se tenga el cuerpo que se tenga, o se vista la ropa que se vista, lo importante es sólo bailar, disfrutar, viajar y compartir.

Tambien se asume que las chicas cuando bailan, “se sienten muy sensuales”. De nuevo, un error semántico, dado que lo que realmente es (sobre todo cuando conversas queriendo conocer, y no queriendo juiciar como hace la escritora del artículo), es una sensación de libertad, de poder expresarse sin opresión, sin que prejuzguen diciendo “eh, no muevas el culo que eso es de vulgares”.

Cierta es la premisa de la hipersexualización de la sociedad, a cada vez edades mas tempranas, pero no es más que el resultado de la ausencia de una buena educación sexual, en contra de los estigmas morales y religiosos transformando el sexo y su natural condición en algo tabú y casi de pecado conversar. Con una buena educación sexual, se eliminarían casi todas las opresiones sexuales ejercidas sobre las mujeres.

La misma sexóloga afirma que limitaría y cuestionaría a su posible hija si decidiese bailar dancehall y/o twerk, en vez de querer entender porqué le llama y qué ganaría bailandolo. Basicamente, en toda la linea argumental, trata estas danzas como preludios a un acto sexual (que nisiquiera se ha hablado si es o no consentido, porque claro, cuando una mujer te baila es que quiere tema, no es que quiera bailar – ironic).

Asume tambien que “bailar twerking genera muchos malentendidos entre los dos sexos”. No, en absoluto, solo se genera en uno, en los “machos”, que malinterpretan y sexualizan movimientos y combinaciones que para nada tienen que ver con ellos, solo con ellas y para ellas. De hecho, una chica llamada Marta afirma sentirse incómoda en un lugar al bailar, pero claro, la culpa es de ellas por incitar, y no de ellos por no saber estar en otro modo que no sea el celo continuado.

En lo único que podría estar de acuerdo, es sobre los contenidos musicales, en declive de diversidad, y sí que conteniendo un eje corriente cosificador, pero por lo demás…

En fin, mientras siga existiendo una prevalencia de la interpretación “libre” de quien lo ve, sobre la real intención y origen de la cultura en si misma, mientras siga viendose toda expresión (sexual o no) como una injerencia de cortejo hacia el macho, mientras se siga pensando e interpretando que la expresión sexual desde la mujer hace que quede relegada a objeto sexual (como, de nuevo, las “famosas” fotos de Emma Wattson), y mientras haya una masa social “moral” con un derecho de prejuzgar que no le pertenece, la cosificación real seguirá existiendo y el feminismo no terminará por tener cabida en la sociedad y su institucionalización.

 

En resumen, más bailar, más vivir, menos prejuzgar y más aprender / entender

 

Fdo: Rubén Bertos

 

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