El machismo es cosa de machos

Sí, es algo tan rotundo como lo que se aprecia. El machismo es cosa de machos, de una mediana minoría que tiene mucha voz y voto en cuestiones variadas desde las formas de criar o tener familia, hasta de cómo llevar tu propia vida.

Es algo concretamente social, no aplicable en ningun caso al entorno natural (aunque algunos muchos documentales, con su semántica posesiva, intentan aplicar esas influencias posesivas y cosificadoras hacia la hembra).

Al fin y al cabo, las acciones machistas tienen una finalidad concreta, pero diversa en los diferentes campos de la vida, y es la anulación, cosificación y destrucción de la entidad personal y la identidad de las mujeres, transformándolas en producto cuyo mercado es el “macho”. Todo lo que el movimiento feminista desea (desde que en la revolución francesa hiciera acopio de todo el valor para enfrentarse al sistema liberal burgués y reclamar los derechos que son propios), es eso mismo, igualdad de derechos, obligaciones y libertades, en las cuales se incluye el respeto (eje fundamental del movimiento).

A día de hoy, y por suerte he de añadir, el feminismo se sustenta de grandes y bien argumentados textos y filosofías que, bien aplicadas, el eje machista acabaría en muy pocas generaciones. Pero, como toda mala bactería patógena, las acciones machistas (que no pensamientos, dado que no hay pensamiento posible que argumente realmente el forzar las diferencias entre sexos) han sabido adaptarse e innovar nuevas formas de tocar las narices e integrarse dentro del argumentario medio, casi todas, herramientas semánticas.

El lenguaje es una de las peores armas de las que el machismo hace uso, y no solo el lenguaje verbal, sino tambien el no verbal o gestual. Un ejemplo que siempre sostengo (de entre otros explicativos), es una escena en donde aparece una familia, en un parque: madre, padre, hija e hijo. Visten de domingo, de paseo, y van a zonas congregativas para dejar a los pequeños sueltos. Una de las primeras frases que inocentemente los padres lanzan a su hija, es que tenga cuidado, que no se ensucie que va muy guapa, y que se enfadarían si así lo hiciese. Ésta aparente frase inocente, sin más daño que esas palabras, ocasionarían una serie de decisiones en la pequeña, que resultarían en la no interacción de ella con otros pequeños, aislándola a ciertos niveles, y apostándola en una “auto-marginación” en donde se debe mantener quieta, guapa y limpita. Podéis imaginar la cantidad de inseguridades, miedos e inmadurez social que podria desarrollar la niña en cuestión, y sólo es una frase.

Otros ejemplos que me he encontrado, absurdos para algunxs, como los letreros de los baños (baño de hombres, baño de mujeres/inválidos/zona de lactancia). Parece una cosa absurda, pero no es dificil observar la prevalencia masculina, frente a otras entidades que, según el machista medio, es inferior a él (mujeres, inválidos y lactantes). Les faltaría añadir un letrero para LGTB, y ya tendrían a todo ser “inferior” en una misma habitación.

Hay que tener cuidado con las trampas semánticas, y saber detectarlas inmediatamente, dado que incluso hasta el pensador más avispado puede caer en ellas al realizar un argumentario. El machismo se nutre de acciones más que de pensamientos (dado que no tiene), por lo que en muchas ocasiones los movimientos feministas se limitan a reaccionar y responder ante esas acciones (con indignación y condena de los mismos). Esas acciones machistas desaparecen cuando hay una educación bien aportada y argumentada, y evidentemente llegará a más mentes en generaciones jóvenes. Las reacciones, que bien están, tienen como limitación el tiempo que dure el recuerdo de dichas acciones machistas (menciones machistas de famosos, actos ambiguos como el “desnudo” de Emma Wattson en la revista de Vanity, y miles de otros pequeños y grandes momentos que se pierden en la memoria).

Es por eso, que la mejor forma de eliminar esas acciones es, a mi juicio (que no opinión) una educación sana (incluida una educación sexual sin tabúes, sin represiones “morales”), basada en lo natural y naturaleza (en donde no hay distinciones de género alguna), y en resumen, en la libertad de expresión basada en el librepensamiento.

Al fin y al cabo, el feminismo es un movimiento que busca la libertad de ambos sexos, la libre elección y a fin de cuentas, una vida sana y sin prejuicios, en contra de un movimiento represor en casi todas las facetas de la vida, institucionalizadas en forma de Estado e Iglesia.

De forma resumida al absurdo, podria decirse que, mientras el feminismo te pregunta: “¿Qué quieres ser?”, el machismo te dice: “tu tienes que ser lo que yo quiero que seas”.

 

Fdo: Ruben Bertos

 

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