De las transformaciones cosificantes

Esta entrada quiero dedicarla a ciertas noticias que han ido apareciendo (a saber porqué todas a la vez) tachando de sexistas y poco menos que ritos demoníacos, ciertas disciplinas como el twerking o el pole dance. Es curioso cómo dos actividades que provienen de mundos y culturas y contextos distintos, han ido a parar directamente al saco del machismo, porque sí. Se alega que esas disciplinas denigran a las mujeres porque sus bailes son excesivamente sensuales, porque algunos movimientos que se hacen en esas actividades son usados por mujeres que no lo practican durante sus relaciones sexuales o como algun@s dicen “para perrear”.

Pues bien, entremos al tema. Para empezar, he aquí la noticia en cuestión (una de tantas):

goo.gl/tMkJSg

Si os fijáis en la noticia, la calidad de la información de la columna brilla por su ausencia. Básicamente, se trata de un registro escrito del murmullo de gentes que ignoran el contexto o historia del twerk, y solo ven lo que pueden ver sin esa información, que es un trasero moviéndose enérgica y sinuosamente. Lo tachan incluso de mala influencia para los niños pequeños que estaban presentes (como si los niñ@s cuando les ponen música no movieran el trasero), pero sin decir porqué o qué conductas pueden influir en ell@s (que sean machistas y perjudiciales).

Pero, llamemos a las cosas por su nombre. Para empezar, una persona cualquiera que se adentre en el enormérrimo mundo del Internet y haga una búsqueda simple de qué es el twerk, como se baila o sus orígenes, ya se encontrará perdid@ (ya la misma wiki lo tacha de “perreo” y las nociones sobre sus origenes son más que dudables). Si alguien lee información no veraz, es normal que los juicios que se emitan sean sesgados y corrompidos, pero por suerte, eso es reversible.
Imagináos una escena. Las mujeres que practican twerking en una sala, estan ellas solas, con música de su elección, practicando pasos ya conocidos, inventando pasos nuevos, haciendo coreografias y compartiendo, y cómo no, con motivación para viajar a otras regiones y/o países para encontrarse con otras bailarinas para conocer más de ese mundillo. A priori, nada de malo, ¿verdad? Ocurre que a dichas bailarinas les da por querer compartir el fruto de su aprendizaje con sus vecin@s, pensando que disfrutarían y aclamarían, y tendrían como resultado su ratito de autorealización y buenas vibras por la ilusión que comparten (junto con sus nervios, claro). Cómo debería haber sido la cara de ese grupo de bailarinas, cuando la reacción que reciben es radicalmente opuesta y desproporcionada, tal que hasta el mismo consistorio pide disculpas públicamente por “lo inapropiado” de esa danza.

Pues, habría que decirles a esas gentes que esas bailarinas no merecían por ninguna razón un trato tan deleznable, que hasta ha suscitado las miradas de una cadena como la Sexta, que es de ámbito nacional, por lo que acaban de crearle quizás un trauma a esas bailarinas, solo por hacer lo que a ellas les gusta. Siempre he escuchado y es bien sabido que antes de emitir juicio alguno, primero informarse y tener cierto espíritu critico para saber si una cosa es o no es como se juzga. Entonces, la pregunta importante seria: ¿es el twerk sexista? ¿Cosifica a las mujeres?

Entremos primero en una pequeña entrada histórica (pero de verdad). El Twerk proviene de un baile africano llamado mapouka (tambien se puede encontrar como macouca) el cual tiene origen en una zona del sureste africano conocida como Dabou, cerca de Costa de Marfil, y tambien en poblaciones y pequeños núcleos en el área subsahariana. Este baile se realiza por mujeres y hombres (no solo mujeres) y lo hacen con las posaderas mirando a los espectadores (nada de “perrear” ni de restregarse como dicen que es).

Vale, pues como todos los bailes y musical, se toman importados y se adaptan a otras culturas occidentales, en este caso, en EEUU.
Bien, pues la palabra twerking como tal apareció en el 93, creada por la New Orleans Bounce Music con un cantante que se llama Jubilee, en su tema “do the jubilee all” (aqui el video:  https://www.youtube.com/watch?v=U6tLnYx7xbk), el cual se le consideraba como el king de la “New Orleans Bounce”, un subgénero del rap (en upbeat). El grupo, si veis el video, que esta muy guay de ver, son casi todo hombres menos dos o tres mujeres bailongas. Y eh, hombres meneando el trasero, tapaos los ojos!! Ahh no perdona, que son hombres, entonces no pasa nada (el problema esta cuando lo hacen las mujeres no?). De aquí se le conocía como booty dance, del cual el twerk es un tipo de movimiento (tales como whining, wiggling, etc) y no la danza en sí.

Y bueno, como todo lo que hace boom, del 93 en adelante ese termino como muchos otros en otros contextos, se hizo viral. Y claro, un grupo de bailarinas, viendo el meneo de estos videos y como molaba hacerlo, pues dijeron joer, hagamos un grupo y hagamos eso. Y así nacieron las Tewerk Team, que llevaron por todos lados esta danza. Inicialmente eran cuatro, pero ya sabéis, los grupos evolucionan, y al final se quedaron en solo dos (hermanas, Peaches y Elle), que participaron de ese gran boom. Mujeres, que bailaban para si mismas, y con las mismas ilusiones que aquellas niñas que fueron humilladas por su pueblo. Solo quieren bailar, sin poner tibiorro a ningún mendas que haya alrededor. Bailar y nada mas, que es parte de eso que llaman ahora de “empoderarse”.

Pero aquí no acaba la cosa. Como otras danzas o conceptos anteriores y posteriores, las grandes industrias, que saben ver oportunidad donde no las hay (y sino, se las inventan), vio en el twerking un buen condimento para videoclips musicales, shows y demás relacionados. Al igual que por ejemplo el hiphop, el cual las industrias lo convirtieron en genero musical (porque daba pasta) transformándolo al final en un conjunto de tópicos, lo mismo ha ocurrido con el twerk (y también con el pole dance). Diciéndolo de una forma muy resumida, primero se crea la danza, y después se usa a las bailarinas (que no el baile, que es diferente) como elemento “atractivo” para videoclips, espectáculos nocturnos y demás, porque claro, aparecen culos de mujeres, y eso vende.

Con el pole pasa igual. Era y es un deporte hindú, originado allá por el 1135 D.C., y no era precisamente una danza, sino un entrenamiento exclusivo para luchadores. No tuvo su boom hasta bien entrado el siglo XVIII, que pasó a ser una práctica más colectiva. Éste deporte/entrenamiento se conocía como “Mallakhamb” (etimologicamente “khamb” es tubo y “malla” significa luchador) y su finalidad era la de mejorar las habilidades físicas de los luchadores (mejor velocidad, reflejos, concentración, coordinación y control espacial). Tiene sus variantes (más allá del conocido Pole dance) como el de “las varas chinas”, el cual es una adaptación circense para gimnastas en grupo en tubos de unos 9 metros. De nuevo, surge la importación a EEUU y a Rusia, y cómo no, los dueños de clubes exóticos invitó a sus bailarinas a que aprendieran, dado que les daba notoriedad respecto a los demás clubes, y por lo tanto, como todo lo contado hasta ahora, es transformar a mujeres que practican bien twerk o bien pole en productos de satisfacción para los machocuñados en clubes y videoclips y en todo formato que se les ocurra. Repito de nuevo por si hay alguna trombosis cerebral, se cosifica a las bailarinas que lo hacen, no al baile en sí.

Pero ¿qué ocurre? que como el humano medio no es lo que digamos muy avispado, se hace una relación causal y se traspasa tooooda esa carga cosificante de las bailarinas, al baile en sí mismo, por lo que cualquier mujer que lo practique, pues ya sabéis cómo las etiquetarán. Lo peor, por desgracia, es que no se revertirá a como debería ser hasta que el marichulo medio no deje de consumir productos en donde se cosifican a las mujeres.

Así que, por terminar ya este somnífero de 1300 palabras, y por dejaros un consejo, os diré: tened menos prejuicios, reflexionad mucho y desarrollad el espíritu crítico, porque sólo así podréis quitaros las costras y caspa machista que heredamos de un ideario que no es tangible. Y sobre todo, moved el culo, porque quizás con ese meneo, muchos de vuestros prejuicios argumentados por el mass media, quizás os los quitéis de encima.

Rubén Bertos

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Un comentario en “De las transformaciones cosificantes

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