Mentalidad Schrödingerdiana

Esta entrada la escribo a razón del paulatino desgaste de la convivencia y comunidad que estamos viviendo actualmente, y como un ciudadano cualquiera, me gustaría aportar unas pequeñas observaciones, solo para invitar a la reflexión conjunta.

Personalmente, uno de los pilares que más daño nos hacen, no por su existencia sino por su mal uso, es la lengua. Nuestra lengua está rellena de retales de historia, de conquistas e injerencias que nos han aportado un mar de palabras hermosas, pero como en todo cesto, siempre puede haber manzanas podridas que puedan afectar al resto. Ejemplos como los términos de “sexo débil” refiriéndose a las mujeres, o “trapaceros” a los gitanos. Pero no es en sí la RAE el mayor de los problemas, sino el mal uso entre el concepto y la definición.

Muchos de nuestros conceptos habituales (así como normalidad, teoría, identidad, etc) no coinciden realmente con la definición correcta. La normalidad es un concepto estadístico de distribución de datos, que sigue una forma de campana. El concepto que debería usarse en el lenguaje habitual es el de CORRIENTE, ya que por definirlo de una forma llana, podríamos decir que es “la repetición amplia de una variable en una masa de datos”, o lo que es lo mismo, lo que en estadística sería la MODA (el valor más veces repetido). Éste término es muy poco conocido (por no decir inusual) cuando debería tener más presencia, dado que por ejemplo cuando en los medios se tratan los salarios de todos los habitantes del país, se utiliza la media.

Pongo un ejemplo: Imaginemos un pueblo pequeño de cien personas, de los cuales 95 cobran mil euros al mes, y 5 de ellas diez mil, la media de salarios sería de 1450 euros, dato que se aleja muchísimo de la realidad. Es por ello que el uso del término normal tal como lo entendemos, no deja de ser un umbral excluyente del cual, cuanto más alejado se encuentra de dicho umbral, mayor es la exclusión dentro de un mismo grupo. Ésto lo digo, por ejemplo, en términos de exclusiones sociales, dado que el término normalidad no deja de ser una llamada a la mediocridad cuya pena por ser “diferente” (en el término de que no hay dos identidades iguales) es que te señalen con el dedo, un dedo que te empuja directamente a los bordes olvidados de la comunidad. Así que, para qué vamos a tener una educación humana, ¿verdad? Una educación escolar basada en el desarrollo de la inteligencia emocional y de la identidad mediante la resolución de problemas, en lugar de una que simplemente promueve una instauración adoctrinista de un sistema operativo básico para realizar nuestras andanadas en un ecosistema de cemento cruel e intracompetitivo, que muy lejos está de aquellos páramos naturales en donde antaño vivíamos como una comunidad.

Pero, sigamos con más conceptos, dado que miles de ellos y más expresiones así existen. Por ejemplo, en la sociedad es habitual usar el término TEORÍA para referirse a una “sospecha” con poco o ningún fundamento, o simplemente una divagación reflexiva. En ciencia, cuando usamos esta palabra, nos referimos a algo como una receta. Es un argumento que presenta una idea (un bizcocho por ejemplo), el cual si se lleva a cabo, cocinas un postre muy rico. Primero, antes de tener esa receta, deberíamos experimentar por ejemplo, si es necesario o no el uso de levadura. Para ello, tenemos dos HIPÓTESIS (“sospechas”), es decir, el bizcocho saldrá bien, con o sin levadura. Haces dos bizcochos, con y sin, y observas. Resulta que con levadura salen bien, y sin levadura sale basurilla. Esto mismo lo repetimos varias veces, por si ha sido suerte que salga bien, o por algo que no hayamos visto (injerencia). Resulta que sale todas las veces, por lo que tenemos la teoría contrastada de que se necesita levadura para hacer bizcochos.

Entonces, cuando de forma CORRIENTE se usa el término teoría, es incorrecto, y debería usarse hipótesis, dado que si aludes al primer término en una noticia, por ejemplo, significa que habrías contrastado su contenido, aparte de que se estaría engañando al personal lector.

Todo este texto, que puede parecer tedioso o infumable, es básicamente programación neurolingüística, que nos la han ido colando o haciendo a nosotros mismos desde que existe la comunicación. que nos ocurra esto es, por un lado, porque sufrimos muchas injerencias a lo largo del día, y más aún con las redes sociales que nos acompañan hasta incluso el baño. Por otro lado, nuestra vagueza, desconocimiento e ignorancia a la hora de invertir tiempo en contrastar y filtrar la información que nos llega, desde el nivel de un cotilleo, hasta el de una noticia falsa creada con una finalidad corrupta. Este desdén ante el no contrastar (y heme aquí un pecador puntual de este daño) es lo que hace que nuestras acciones sean fácilmente manipulables, dado que confiamos demasiado en aquellas afirmaciones sin ápice de duda pero vacías de contenido real, en lugar de preguntar y buscar para obtener la verdad, y es eso mismo, el buscar la verdad y no la notoriedad lo que nos haría una mejor comunidad.

Desde mi humilde perspectiva, os invitaría a tener, lo que yo llamo “mentalidad Schrödingerdiana”, o en otras palabras “lo que has dicho es verdad, o no, hasta el momento que yo lo observe” (o, en nuestro caso, lo contrastemos). Os invito a crear este “proceso cuántico” y dejar de lado nuestro sistema binomial “SI-NO”, el cual solamente nos enfrenta mediante la compactación. Un ejemplo de compactación es, cuando tienes un debate político de altura, hablando de propuestas, técnicas, estrategias, y el cuñao de la mesa de al lado te pregunta de qué partido eres o a qué ideologia sigues o cual es tu color. Ésta compactación hace que, incluso nuestros supuestos líderes, sencillamente jueguen con nosotros usando lenguajes soeces o simplistas, usando metáforas deportivas o ejemplos con manzanas. No somos ignorantes, y si los hay, no son más que el resultado de anulación aprendida, dado que los humanos, como casi todos los mamíferos, somos curiosos por naturaleza.

Todo éste resumen de un resumen de un resumen, os lo cuento para invitaros, al igual que a mí mismo, a contrastar información, a buscar la verdad y no la cuantía de saberes que no darían notoriedad y presencia entre la comunidad, porque al fin y al cabo, queremos estar siempre dentro del umbral de la inclusión. Cread contrastes balanceados, y podremos tener como sociedad una opinión/posición firme y segura, a la vez que dúctil y laxa, porque esa opinión/posición será nuestro escudo ante las manipulaciones que vivamos, ya sean personales o mediáticas, y que quieran llevarnos por su camino interesado. Sé de verdad, que parece algo tedioso, pero imaginad los caminos serpenteantes sin final alguno, como una suerte de cavernas Platonianas infinitas que interconectan entre ellas (me recuerda a las peliculas de Cube), en donde nos meten tanto políticos, como gentes con poder y “medios de información”.

Imaginad lo dificil que es salir de un lugar así. Hacéos idea de la cantidad de cortinas de humo, opiniones vacías de contenido, y sobre todo, la alta velocidad que han tomado nuestras identidades virtuales en un maremoto de información (veraz o no) que arrastra a nuestras identidades personales directamente a un estado emocional de contínua excitación, en donde mordemos a la que salta la liebre, lo cual solo genera un estado contínuo de estrés, que nos fatiga y nos irrita, hasta el punto de detestar casi todo nuestro alrededor.

En consecuencia, me gustaría humildemente decir que debemos, como sociedad, bajar revoluciones, querer buscar la verdad (y no la notoriedad), entender lo que quieren decir, no sólo quedarnos en lo que se ha expresado ya que, recordad y no olvidéis, son nuestr@s herman@s dado que al fín y al cabo, sólo nos diferenciamos en un 0.0019% en nuestro ADN. Tenemos la opción de hacer un mundo muchísimo mejor y habitable del que tenemos, así que os invito a mejorar vuestro inmediato alrededor, porque solo tenemos un planeta, y os tengo que avisar de que está muriendo lentamente a nuestra causa, y nosotros con ella.

 

R.B.C

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