Ellas deciden

Antes de comenzar, quiero avisar que en este escrito me voy a meter en varios jardines (y a conciencia) a sabiendas de que puedo herir sensibilidades varias (o quizás no), por lo que tómenselo como una lectura pedagógica. Con esto, como siempre, solo quiero aportar una perspectiva conductual para llegar a comprender mejor la relación tan tóxica que tienen las conductas opresivas mundialmente asentadas como lo es el machismo o aquellos patrones de conducta que resultan en el capitalismo. Pero en este caso particularmente, me centraré en el machismo.

Comenzando por la educación infantil que tiene, por un lado, enormes carencias en el desarrollo de la inteligencia emocional y afectiva (respetando las fases del crecimiento), y por otro, muchísimas imposiciones en el comportamiento y la expresión debidas al contrato social (patriarcal y jerarquizado).

Imaginaos una secuencia-tiempo acelerada, que muestre un crecimiento de una nueva descendencia. Imaginad en qué resultaría un crecimiento en donde no se nos eduque en el entendimiento y la gestión de nuestras emociones vividas en el momento en el que suceden (lo que nos hace desarrollar esa inteligencia emocional), y en su lugar, se nos adoctrinan unas pautas de comportamiento ya dadas. Un ejemplo muy reduccionista, sería la situación en donde la familia incita y obliga a jugar con otros peques a su descendencia, aunque éstos no quieran, en lugar de entender porqué no quieren ir, o mediar indirectamente y sin mucha injerencia para darles herramientas y que puedan sociabilizar, pero cuando quieran, no porque deban integrarse. Es decir, educar basándose en tres pilares: integración, juego y atención(1).

Nuestra educación tampoco aborda la resolución de problemas, sean de la índole que sean. Es decir, generar respuestas efectivas a problemas que se nos presenten. Por el contrario, aprendemos una mamotrética retahíla de herramientas, muchas de las cuales no las usaremos nunca o muy poco y, sobre todo, apenas integradas en nuestro comportamiento. Por poner un ejemplo visual, es como tener una maza de cartas muy grande y con diferentes habilidades, y tener que buscar y usarlas cuando creemos que podemos usarlas. Porque esa es otra, ya que en nuestra educación tampoco tenemos un aprendizaje claro sobre los conceptos y sus definiciones, sino que aprendemos los conceptos y usamos como definición imágenes o recuerdos para entender lo que significan esas palabras (y sus dicotomías).

Imaginad también un desarrollo de la personalidad, sesgado por la etiqueta heteronormativa azul-rosa, con las consecuencias psicológicas que tendrá a posteriori éste sesgo en el desarrollo de la personalidad, dado que no podrán enfrentarse ni aprender a gestionar muchas de esas emociones por miedo a la ruptura del mismo contrato social patriarcal, pudiendo quedar excluidos. Esta dicotomía también se aplica al comportamiento, encorsetando el abanico de emociones según cual sea la etiqueta.

Para las azules (niños) toda emoción se embuda hacia las expresiones de rabia y euforia quedando relegadas de gestión alguna, y eliminando otras tantas y su gestión, como son la frustración, la tristeza, la felicidad transitoria y la confusión. Pensad en cualquier película: cuando algun personaje muere, destroza muebles, cuando la chica le deja destroza la taquilla o hace derrapes en plan malote, o cuando marcan un gol, se empujan, pegan o azotan. Luego, cuando esos niños tienen la suerte de poder tratar con algún arte, del tipo que sea, empiezan a entender y gestionar las emociones de forma autodidacta, pero depende de eso, suerte.

Para las rosas, se las limita en su interacción con sus iguales, aislándolas de actividades dinámicas y enfocándolas a unas más estáticas (“vayamos a que se manchen el vestidito”- dirían muchos progenitores), como empujar un carro con bebé incluido, hacer de cocinitas o jugar con peluches, es decir, actividades que tienen de todo, menos integración, juego y atención con otros iguales.

Luego, saliendo del entorno familiar (que me he dejado la totalidad en el saco, porque sino aburro), se encuentra el entorno escolar. Un entorno en el que se busca la eficiencia de la replicación de los conocimientos de un tutor a un extensísimo alumnado, y no la integración en forma de comunidad creando conocimiento en torno al debate y no en torno a la memorística, y ayudando al desarrollo social con herramientas de interacción mediante diferentes juegos o actividades que desarrollen la empatía y la cooperatividad entre humanos (cosa que es natural en nosotros, como ya lo demostraron Warneken y Tomasello(2-1), al igual que la autorepresión de conductas si vemos emociones negativas relacionadas con el tipo de acción que se presencie(2-2) ) y el resto de formas de vida que hay en el mundo, en lugar de la competitividad, como si fuésemos meras bacterias forzadas a continuos estreses para producir un comportamiento o resultado concreto en nuestro rendimiento productivo, y que revierte negativamente entre nuestros iguales (ups! Capitalismo?).

Si en lugar de rodearnos de un lugar natural con una gestión equilibrada de los recursos, metes a las nuevas generaciones en un sistema de clases cuyo motor es la aporofobia competitiva a la que se nos induce desde que tomamos el primer biberón, y que para evitar caer en la miseria se “debe” hacer todo lo que esté en tu mano por sobrevivir, esté amparado o no en la moral media o el sentido común.

Ahora, mezclad todo esto y te saldrá un potaje que no querrá comérselo ni Carpanta. En general (como siempre hay excepciones, y hay familias que lo hacen bien), saldrán hombres con una altísima iniciativa, impetuosidad y exceso de reto competitivo (de forma que no respetan la intimidad/espacio vital de los demás, nunca se pregunta, siguiendo la idea de “prefiero pedir disculpas que permiso”, y les evoca un estado de necesidad continuada de euforia en base al enfrentamiento o la victoria de metas, porque es lo que se les ha enseñado que es la “felicidad”), sumado a la práctica ausencia de empatía, lo que convierte a los hombres en personas con conductas tendentes a la agresividad, lo cual puede resultar en el futuro, por ejemplo, en el uso de la agresividad en el entorno sexual (como puede verse en el tipo de dinámicas que se expresan en la pornografía).

Por el lado de mujeres, crecerán en una versión alienada y sesgada patriarcal, en una posición de continua subordinación (directa e indirecta), con una falta en el desarrollo de la iniciativa, la impetuosidad y la resolución de problemas, sumado a las carencias de autoconocimiento, dadas las enormes etiquetas machistas que sustituyen a sus características personales.

Y esto, hablando solamente (y por encima) de la educación en la infancia. Si ya nos metemos en la adolescencia y juventud, y le añadimos a todas las carencias anteriores (y las que quedan) la falta de desarrollo de la identidad y expresión sexuales, y la falta de información respecto a la gestión de las relaciones afectivo-sexuales, respecto a los conceptos (como la identidad biológica, sexual, expresión sexual, de género, etc), respecto a la biología del sexo y la reproducción, (la diferencia entre sexo reproductivo y sexo como forma de comunicación afectiva, por ejemplo),  y también sobre la selección sexual (y cómo son los óvulos por ejemplo los que seleccionan a los espermatozoides, y no como siempre nos han enseñado(3)), y de cómo el machismo quiere revertir el poder de selección que tienen las hembras humanas para que sean los machos los que controlen dicha selección con el control de los recursos (osease, capitalismo). De ahí que, bueno, la presencia de mujeres en las altas esferas de poder, brille por su ausencia.

Para terminar, y usando la idea del título, ellas deciden. Ellas están haciendo todo lo contrario a lo que el patriarcado(4) las ha adoctrinado, reuniéndose como una enorme comunidad frente a un enemigo mayor, que es el patriarcado, y que no son los hombres (como persona humana) sino a su identidad de género de “hombre”, la cual es necesaria de deconstruir y rehacer, por el bien de nuestras hermanas (las cuales también deben pasar por un proceso de deconstruicción). Solo quiero decir, para terminar, que el mundo es finito, todos somos herman@s (compartimos más del 99% del genoma), y en nuestra mano está el poder desarrollar personas felices, que no son más que personas completas, con autoconocimiento, preparadas para enfrentar y gestionar problemas, y con un desarrollo pleno de la libertad (librepensamiento y libre expresión), porque la libertad al fin y al cabo es que no te obliguen a hacer aquello que supuestamente estamos obligados a hacer.

Sin más, ésta es mi perspectiva tras la lectura, reflexión y blablablá (evolucionable, como todo). Y como siempre, la reflexión final positiva: fijaos en la cantidad de herramientas que tenemos disponibles para una buena educación y deconstrucción, y la cantidad de personas que somos que nacemos con la cooperatividad innata. En nuestras manos, dejando el ego de lado, podemos construir una comunidad de la cual seamos una población orgullosa y feliz (entendiendo felicidad como una fase emocional transitoria debido a un proceso de crecimiento/desarrollo y autoconocencia), en donde podamos ser iguales en nuestra independencia y crecimiento, pero con cooperación (es decir, sin subordinación).

Cooperemos juntos, porque la revolución que viene será feminista, o no será.


  1. La disgregación de la amistad (o de cómo no nos enseñan a gestionar nuestras propias herramientas para las relaciones): https://hellrogos.wordpress.com/2017/12/25/disgregacion-amistad/
  2. Warneken F, Chen F, Tomasello M. Cooperative Activities in Young Children and Chimpanzees. Child Dev. mayo de 2006;77(3):640-63.

2-1 Video de los estudios de Tomasello: https://www.youtube.com/watch?v=Z-eU5xZW7cU

2-2 Video sobre la autorepresión de la conducta para no enfadar a los adultos (por lo que el estado de ansiedad/irritación de los progenitores o adultos cercanos puede también sesgar el comportamiento y el crecimiento de los peques)

  1. El uso de la ciencia para justificar el machismo: https://hellrogos.wordpress.com/2018/05/02/ciencia-justificacion-machismo/
  1. Patriarcado: tipo de organización en donde la autoridad la ejerce el varón, dueño del patrimonio, entre los que se encuentran tanto la mujer como la descendencia, sirvientes, esclavos, tierras y bienes inmuebles, ya que representan un valor de recursos en sí mismos.

 

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