Sexo como forma de comunicación y autoconocimiento

Olvidad por un momento todo lo que sabéis de relaciones humanas, sobre todo las afectivas y lo que se llama “relaciones amorosas”. Olvidad que el sexo está romantizado e incluido como las dos caras de una moneda dentro de una relación monogámica.

Pensemos por un momento, que estamos en un sistema tribal, en donde las familias no se identifican en según que piso u hogar se ubiquen, en donde básicamente la vida se hace en común, tal como tenemos las plazas de los pueblos. Imaginad que las personas habidas en dicho sistema tribal se encuentran plenos de consciencia de su ego, crecidos y desarrollados con herramientas para gestionar sus emociones. Es decir, gente equilibrada, independiente, autosuficiente, con su identidad bien definida y con una buena capacidad de resolución de problemas. Parece muy utópico, pero no es tan así.

Dicho esto, ahora toca resaltar sobre lo que tenemos, que es justo lo contrario (en general, evidentemente), por ser escueto. Ahora, pensad ¿cómo demonios vamos a poder tener relaciones sanas sin poder tener una construcción de la identidad sana, y sin ser personas en sí mismas independientes en cuanto a dicha identidad? Pues, ya os lo digo, no se puede.

De ahí que nazcan las relaciones monogámicas, y cómo la posesión y la subordinación de las mujeres por mano de los hombres opresores (de las formas más y menos sutiles que os podáis imaginar) han cambiado incluso nuestra morfología. Antaño, como casi todos los animales, los machos incluidos los hombres teníamos una especie de hueso estructural en lo que sería ahora las ramificaciones cavernosas por donde la sangre pasa para provocar las erecciones. Claro, al poder controlar el estatus del coito, pues el hueso se ha perdido, provocando como tenemos la tan bajísima tasa de fecundidad. Y bueno, otras tantas cosas como la reiteración del celo, dado que si se tiene control del coito (reproductivo y ocioso) pues se van seleccionando aquellas mujeres (de forma artificial) que tienen más capacidad de dar nueva descendencia (por tener más épocas de “celo”), hasta llegar donde hemos llegado.

Pero volvamos al sistema tribal. Un sistema en el que las personas se respetan, gustan de conocer, no hay capitalización del físico, sino que las personas desean ver qué hay en el interior (la identidad) y en donde el sexo no esté relacionado con la también capitalización del sexo, como diría Ana de Miguel. En este lugar, no habría posesión y cosificación de las mujeres por parte activa de los hombres, de forma que todos estamos al mismo nivel horizontal. ¿Cómo creéis que serían las relaciones en ese sistema? Ya os lo digo yo: LIBRES

Cuando digo relaciones libres, no me refiero al concepto tan viciado y mal usado de “relaciones abiertas”, ni mucho menos, sino a relaciones dentro de una comunidad variante y evolutiva. En donde las personas tienen relaciones sexuales, no porque uno se le ponga en las narices que quiere acostarse con tal o cual, sino porque las circunstancias (y he aquí lo bonito de los sistemas tribales en este sentido) son las que marcan cuando y cómo se llevan a cabo.

Ahora imaginad que estáis en ese sistema, y que la persona con la que las circunstancias hayan llevado a tener sexo, pues sigue su vida después, como si nada, tan amigotes. De la forma en la que obtenemos las relaciones ahora, el sexo siempre se trata como un vinculo tácito en donde “ya hay algo”. Pues dejadme deciros que nada de nada, eso no funciona así, aunque sea lo que hemos adquirido, porque tal como están las relaciones ahora estructuradas, al tiempo lo que ocurre es que las identidades de los componentes de dicha relación se fusionan, y acaban por no saber dónde empieza y acaba cada cual.

Las relaciones monogámicas han usado los cortes morales para señalar con miedo, terror y desprecio a todas aquellas prácticas que no fuesen en la línea que la iglesia y la institución de la familia remarcasen. Prácticas como las relaciones abiertas y las poliamorosas, o por ejemplo el mismo BDSM, y quiero dedicar éste texto a dichas prácticas, porque han estado satanizadas en base a la supuesta promiscuidad sexual, el libertinaje (que ya me gustaría qué quieren decir con eso referido a éstas prácticas) y a un interés nocivo respecto a la capitalización del afecto, el sexo y el control del poder, es decir, introducen el miedo a lo nuevo sin saber las características positivas que puede tener para la construcción (o deconstrucción) de la identidad.

Para empezar, las relaciones abiertas no son antinaturales ni capitalizadoras, a menos que las lleves a cabo mal, cosa que es corriente que suceda cuando las personas se quedan simplemente en la idea de “puedo hacer lo que quiera con quien quiera”. Hay quienes hacen ciertas distinciones, con jerarquías o sin ellas, o sencillamente “anárquicas”, aunque personalmente éste último término lo concibo como relaciones caducas, en donde existe mientras haya contacto con la persona interactuante. Las relaciones abiertas, llevadas con respeto, son sencillamente aceptar la idea de que antes o después vamos a morir, y que a nuestra pareja por el hecho de que haya una relación monogámica, su capacidad sexual y su experimentación estará sesgada (aunque dicha persona lo haya “elegido”, cuya elección es viciada debido a la moral adquirida de “me debo a mi pareja”). Imaginad una relación de respeto absoluto, amor y devoción, a tal nivel que se desea que quien nos acompaña pueda desarrollarse con otras personas, para su disfrute y su crecimiento personal. Imaginad la plenitud personal dentro de las parejas abiertas, lejos del contrato social establecido.

Sigamos con las relaciones poliamorosas. Dentro de los sistemas naturales, cuanto mas complicados sean los sistemas más estables son, por lo que se puede aplicar a las relaciones humanas, en donde las interacciones entre más de dos personas establecen un equilibrio e incluso un arbitraje para las disputas, o un reparto más equitativo del entendimiento y gestión de las emociones de la relación poliamorosa.

Y, por último, el BDSM. En toda nuestra vida emocional, tenemos enormes carencias afectivas y del desarrollo, eso lo tenemos claro, pero ¿qué función puede tener relacionada con la identidad y la mejora personal? Para empezar, hay que aclarar que hay una gran cantidad de maltratadores y de personas enfermas y tóxicas, que usan este tipo de relación para llenar sus ansias de control y maltrato subordinado hacia una persona. El BDSM a fin de cuentas, como he mencionado antes, quiere aportar cierto desarrollo y comprensión de los interactuantes. Imaginad en nuestro sistema actual, en donde no se nos permite ser nosotros mismos, ni aceptar nuestro cuerpo con nuestras peculiaridades, ni las formas que tenemos de expresarnos ni sentir, porque todo es normativo al respecto de como se supone que debemos sentir y ser.

Siempre uso este símil: es un poco como la alta cocina, en donde no ofrecen comida, sino sabores y experiencias. Lo normativo es el sexo ocioso o reproductivo, en donde apenas hay una buena comunicación o aprendizaje del mapa de placeres del cuerpo de nuestr@ compañer@, y eso es lo que busca el BDSM, el establecimiento de roles alternativos a nuestra identidad en donde no tengan prejuicios, miedos, inseguridades y ese largo etc que nos impide disfrutar realmente del sexo y de quien nos acompañe (o quienes). Imaginaos una escena de domin/sumis (el género y expresión lo eligen ustedes) y en donde la persona dominante ayuda a perder el control que provoca nuestro “yo” diario sobre nuestras vidas (ya sabeis, deberes, quehaceres, todo lo que nos hace disolver nuestra personalidad) y, por ende, poder llegar a sentir de una forma que normalmente no podríamos.

Es como el kitkat para ir a fumar en el trabajo, o cuando te sientas después de un largo día, con la diferencia de que somos nosotros mismos quienes decidimos cuando, cómo, porqué y de qué manera (con un contrato y unos límites y una lista larga de cosas en las que no puedo profundizar por la falta de espacio, y también para no sesgar). Es un espacio en donde podemos dejarnos llevar por alguien que lo que busca es nuestro bienestar y felicidad, dado que la persona sumisa es quien debe ceder su control a quien domina voluntariamente. Imaginad un coito corriente, en donde la persona que nos acompaña nos tumba, nos acaricia, nos hace sentir, nos tapa los ojos o los oídos. Esto es lo mismo, pero incluyendo ciertos instrumentos que han sido ya desarrollados y evolucionados con el fin de hacer sentir una amplia gama de sensaciones, porque, al fin y al cabo, es experimentación respetando unos límites evidentemente, pero para ayudar a conocer nuestro mapa de placeres. Claro que hay una relación de subordinación, pero no es para nada tóxica por lo antes mencionado.

Olvidad las pelis tipo 50 sombras de grey, átame, o el Duque de Burgunduy, y pensad que teneis la oportunidad de que una persona os confía el conocimiento de su placer para ayudarla a desarrollarse. No me podéis decir que la idea y la práctica, no es al menos bonita. He conocido a lo largo de mi vida a bastantes personas que practican BDSM correctamente, y no he visto parejas más felices que esas, con una seguridad individual y combinada que daba miedo (en el buen sentido), e incluso intimidan por su fortaleza. Yo mismo, de tener cierto aborrecimiento al sexo por la falta de sentido, pasa a ser un juego de roles divertido y curioso que muestra la diversidad de placeres que pueden existir en cada persona.

Sin más, solo quiero daros con esto un punto de partida para no prejuzgar, y para verlo como una forma terapéutica para conocer nuestras propias identidades, deconstruir aquellas cosas que hemos heredado y adquirido durante la vida como reacción a las carencias vividas, a fin de cuentas, ser feliz en ésta corta vida, obteniendo aventuras sanas con mucha profundidad y amor.

Sed felices, buscad vuestra identidad y vuestro placer, comunicaos sexual y afectivamente sin que os autoresigneis y reprimais. Conocéos y seréis libres de vosotr@s mism@s, porque al final nuestra mente es la prisión perfecta y en donde los alguaciles y presos somos nosotr@s mism@s.

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